Deambulando por el Sudeste Asiático. Por Pablo Santamaría (Post invitado)

 

Nunca había hecho un viaje así.

Nunca había pensado en hacer un viaje así.

Pero un día cualquiera, dentro de mi rutina diaria, algo dentro de mí estalló y comprendí que debía hacerlo. Que debía coger la mochila y descubrir mundo. Descubrirme en el mundo fuera de mi pequeña burbuja.

Así empecé a planear mi viaje. Con la idea de marchar, pero todavía sin saber dónde ni cómo hacerlo, empecé a moverme, a buscarme la vida para conseguir los medios, a contactar con gente, preguntar… y lo cierto es que cuando uno tiene un objetivo tan claro, una convicción tan grande que no deja espacio a la duda, de una forma u otra (normalmente, nunca cómo lo habías pensado) acaba sucediendo. Y así, después de mucho buscar, mucho prepararme, mucho consultar (Silvia fue una de tantas personas que me ayudaron y aconsejaron), el 19 de enero de 2015 cogí el avión que me llevaría a Bangkok.

Y de ahí, a Laos. A mi querido Laos. Tan puro. Tan auténtico.

Dado que mi presupuesto era algo justo para viajar durante los 6 meses que duraría todo el viaje (unos 1.000€), me busqué voluntariados a través de la página Helpx (www.helpx.net). Y ahí encontré el lugar que sería mi hogar durante los dos primeros meses del viaje: un resort cercano a la ciudad de Luang Prabang, a orillas del rio Namkhan, rodeado solamente de naturaleza, de elefantes de reservas cercanas paseándose y bañándose frente nuestro, de alguna que otra serpiente, y sobre todo de mucha, mucha paz.

cabaña-laos

Ahí estuve trabajando unas horas al día de chico para todo: camarero, botones, mantenimiento… ¡incluso acabé haciendo prácticamente de mánager!

Mi idea inicial era quedarme ahí los 6 meses, tranquilo, bastante solo, para poder meditar, leer, escribir, tocar el violín, escucharme y conocerme. Pero las cosas nunca van como las planeamos, y de eso uno se da realmente cuenta cuando viaja. ¡Y qué bien que sea así! Si lo pudiéramos calcular y anticipar todo, la vida sería demasiado aburrida. Y cuando uno se abre al cambio todo se vuelve posible y todo lo que sucede está bien.

Me integré mucho más de lo que esperaba con la gente del resort (todos laosianos). Con el único compañero que hablaba inglés todavía hablamos y nos llamamos, aunque estemos en la otra punta del mundo. Partidas de cartas, petanca (casi deporte nacional en Laos), barbacoas con lo pescado en el río, festivales y bodas en el pueblo cercano… La gente allí es maravillosa. Son todo sonrisas, curiosidad, alegría. Como si fueran niños. Lo que compartí y aprendí con ellos… no tiene precio.

Después de dos meses increíblemente intensos en el resort, noté que era hora de moverse.

Que tenía que aprovechar que estaba ahí y conocer más, más gente, más culturas. Y también quería ayudar dentro de lo posible. Así que estuve contactando con varias ONGs que trabajan en el norte de Vietnam y en abril me puse en marcha para llegar a Ha Giang, una de las provincias más pobres del país, para colaborar con la ONG V4D.

viajar-laos

En el camino a Ha Giang, aparte de chuparme muchas horas en “autobuses” infernales con conductores que hacían carreras contra nadie, pude descubrir muchas joyas, entre las que están el bellísimo poblado de Nong Khiew y las cuevas de Vieng Xai, refugio del Pathet Lao durante los bombardeos de EEUU. Eso sí, todo cubierto por una niebla de cenizas producto del slash-and-burn, la siega y quema de bosques para crear campos de conreo, principalmente del delicioso sticky rice, que se practica en Laos al final de la época seca.

Antes de dirigirme a Ha Giang me quedé en Hanoi varios días… Hanoi es una ciudad increíblemente caótica, ruidosa, con muuuuucho tráfico (hay más motos que personas)…

Tiene tantas cosas que detesto de las grandes ciudades, que todavía no me cabe en la cabeza por qué me gustó tantísimo.

La ciudad, su gente, su forma de vivir, de relacionarse, me enamoró. A pesar del ruido y la muchedumbre y la contaminación, tiene algo especial y auténtico que enamora.

Al final llegué a Ha Giang, donde pasaría los dos siguientes meses de mi viaje. Estuve conviviendo con varios voluntarios vietnamitas y extranjeros, enseñando inglés a chavales de todos los estratos sociales. Además, entre todos los voluntarios pusimos en marcha dos proyectos. Uno fue un programa de clases en una escuela de niños con minusvalías. El otro empezó como un fundraising para el orfanato local… pero fue creciendo. Decidimos gestionar nosotros el dinero recogido para asegurarnos que cada céntimo era utilizado en beneficio de los huérfanos. También empezamos a dar clases de inglés y otras actividades. Y todavía hoy en día sigue el proyecto en marcha con la ayuda de voluntarios locales:

http://www.thehagiangproject.org/

https://www.facebook.com/hagiangorphanage/

En nuestro tiempo libre también tuvimos la suerte de poder explorar el desconocido norte. Fue como estar en un cuento. Llegamos a rincones donde nos miraban como si nunca hubieran visto a una persona blanca. Nos invitaron a comer y a dormir en casas infinidad de veces, felices ellos de poder ayudarnos y de compartir parte de su cultura, de la que se sienten tan orgullosos, con nosotros. Y vimos parajes sin igual que no parecían de este mundo. Lugares que nos dejaban sin aliento al contemplarlos.

viaje-voluntariado-laos

Y lo más increíble es que estas escapadas por el norte sólo eran el principio de lo que nos esperaría en Vietnam. Cuando me quedaban dos meses todavía para coger el avión de vuelta, decidimos con otra de las voluntarias de la ONG coger la mochila y cruzarnos el país de norte a sur e ir donde nos llevara el viento. 2700 km en tres semanas, tirando de piernas y de dedo para hacer autoestop. Sin duda, el viaje más increíble y más mágico que he hecho nunca.

viaje-voluntariado-vietnam

viaje-voluntariado-tailandia

Podría escribir libros enteros sobre lo que viví y sentí cada día. Y aun así, jamás podría describirlo fielmente, porque las palabras siempre se quedarían cortas. Cada día era una nueva aventura. Cada lugar, un mundo nuevo. Cada persona que conocíamos era un regalo. Y así estuvimos de nuevo en Hanoi; en la increíble isla de Cat Ba, desde donde visitamos Ha Long; exploramos el que llaman el Ha Long terrenal, en Ninh Binh; nos maravillamos en las gigantescas cuevas de Phong Nha; pudimos disfrutar de un amanecer hermoso en la playa de Cua Lo; experimentamos por enésima vez la hospitalidad vietnamita en la serena Ha Tinh; paseamos entre antiguos reyes por la ciudadela de Hue; nos encantó el “pueblo” portuario de Hoy An; descansamos en las desiertas playas de Bai Xuan Hai, con la única compañía de los pescadores locales; caminamos las inverosímiles dunas de Mui Ne; pudimos conocer parte del delta del grandioso Mekong en el pueblo de Can Tho…

Y finalmente pasamos la frontera a Camboya por Ha Tien. Sencillamente mágico.

playas-asia

En parte fue duro dejar Vietnam, un país que me dio tantas y tantas alegrías y experiencias inolvidables. Pero la vida del viajero es así. Te enamoras de los lugares que vas viendo, y en parte apena dejarlos atrás, pero también sabes que te esperan infinitas nuevas experiencias, nuevas culturas y personas que conocer y vivir en tu próximo destino. Y así fue como entramos en Camboya y llegamos a Kampot. Después de un par de días de merecido descanso pasados completamente por agua, decidimos ir una semana a ayudar en un orfanato cerca de Phnom Penh. Creo que tuvimos mucha suerte de encontrar esta organización, pues habíamos escuchado historias sobre la cantidad de “orfanatos” que hay en Camboya, donde los niños son utilizados como atracción turística para conseguir “donaciones”. El lugar donde fuimos no tenía nada que ver con todo eso.

Contacté con Mr. Kim, el director de la organización COPC (http://www.cpocfoundation.com/), y pudimos comprobar de primera mano el compromiso que tenía con todos los chavales. La organización se basa en la ayuda de voluntarios para mantener la casa, construir nuevas instalaciones en terrenos donados por locales, impartir clases de inglés y de arte en la misma casa y en la escuela pública… Admirable cómo se desvivía para que todo funcionara. Y aunque fue por un periodo demasiado corto, me llevo un recuerdo muy bonito y muy intenso de todo ello. De todos los niños y niñas, de los demás voluntarios, de las clases que mejoraban enormemente día a día… Del carácter y la cultura Khmer. De una pequeña organización en constante crecimiento gracias a la dedicación su incansable director, a la desinteresada ayuda de todos los voluntarios y a la vitalidad, carácter y capacidad de superación de todos los niños y niñas que habitaban la casa.

voluntariado-asia

Yo sólo podía estar dos semanas en Camboya, así que tuvimos que abandonar la casa de CPOC pronto. Estuvimos un par de días en Phnom Penh, donde pudimos visitar templos, palacios, museos… nos empapamos de la historia del país. De la grandeza del antiguo imperio de Angkor y de la negra historia reciente del Khmer Rouge…

Por supuesto, no podía dejar el país sin visitar el famoso recinto de templos de Angkor, así que pusimos rumbo a Siem Reap. Encontramos un hostal increíblemente barato (con desayuno y bicicletas incluidas), y estuvimos 3 días recorriendo en bici y en moto decenas de templos de la civilización perdida. Impresionantes construcciones con 1000 años de antigüedad devoradas por la jungla.

voluntario-camboya

Grabados preciosos. Pudimos recorrer infinidad de templos, grandes, pequeños, más toscos o más detallistas, dedicados a un u otro dios… Todo ello reflejo de la grandeza y también de la fragilidad de los grandes imperios.

camboya-voluntariado

Y llegó el día en que también tuve que abandonar Camboya y a mi incansable compañera de viaje. Quizá fue uno de los momentos más duros, porque ya estaba dirigiéndome a la última etapa de mi viaje y dejaba atrás muchas muchas cosas. Pero de nuevo, la vida es así. Todo lo que empieza tiene que terminar. Y cuando llevas una vida nómada, este hecho se acentúa todavía más. Y pienso que lo importante es ser capaz de disfrutar de todo mientras dure, y ser capaz de dejarlo ir cuando se termina. Y esto es algo que aprendí y puse en práctica constantemente viajando.

Crucé la frontera con Tailandia y me dirigí a Prachinburi, donde pasé 10 días de retiro en el centro de meditación de Dhamma Kamala (http://www.kamala.dhamma.org/).

Una experiencia muuuuuy intensa, muy dura y a la vez muy gratificante en muchos sentidos. Como ya llevaba un año meditando, así que no iba de cero, e iba muy mentalizado en querer aprender más sobre meditación y pasar unos días de tranquilidad absoluta y de introspección para asentar un poco todo aquello que había vivido y aprendido durante los meses anteriores, pude completar el curso de 10 días sin más problemas. Pero entiendo que según la persona y el momento, un retiro así, en el que te pasas 10 días en silencio y meditando unas 10-11 horas al día, se puede hacer muy duro. Pero la recompensa a nivel personal también es enorme.

voluntariado-tailandia

La última parada fue en Bangkok, donde pasé un par de días antes de coger el avión de vuelta. Un día escribiendo sin parar. El otro callejeando por la ciudad y haciéndome un tatuaje de recuerdo por el increíble artista Mr Tung. Un tatuaje para no olvidar lo que me llevó a hacer este viaje y todo lo que me llevo de él.

Y me llevo muchísimas cosas. Experiencias, personas, lugares únicos. Viví cada día como lo que era: un día único e irrepetible. Aprendí a valorarme y a valorar lo que me rodea. A mantener la mente abierta y dar la bienvenida a todo lo que tenga que venir. A disfrutar de cada momento, de cada instante que jamás se volverá a dar. Conocer una pequeña parte del mundo del modo que lo hice me hizo ver lo enorme que este es, y lo tantísimo que queda por descubrir y por conocer. Como decía George Harrison, “the farther one travels […] the less one really knows”.

Y ya nada volverá a ser lo mismo.

Una vez estallas la burbuja en la que vivías, ya no se puede volver a ella. Se puede volver al hogar, donde tienes a todos tus seres queridos… pero no se puede volver a la vida que llevabas antes. Porqué de golpe el mundo se ha hecho enorme, y tu mundo anterior te parece minúsculo. Y el estar demasiado cómodo en realidad te incomoda y te inquieta. Porque el mundo tiene mucho que ofrecer. Por lo menos esa es mi experiencia.

Con este post quería agradecer a Silvia su ayuda en un momento en el que todavía no sabía ni adónde ir. Tus palabras y consejos ayudaron a que mi viaje empezara a tomar forma.

Y a todos, os animo a que viajéis y exploréis el mundo más allá de fotos, vídeos y guías. En mi caso, salirme del camino me hizo enamorarme del mundo y de la vida de nuevo.

Pablo Santamaría.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s