DE VOLUNTARIA EN VIETNAM 6ª Y ÚLTIMA PARTE.

Me despierto de nuevo en el orfanato…¡Qué bien he dormido! Anoche instalé la mosquitera que me compró el tío de Trang y he podido dormir relativamente fresquita con la ventana abierta sin miedo a los insectos.

Instalando la mosquitera en mi cama del orfanato.

Instalando la mosquitera en mi cama del orfanato.

Me ducho con tranquilidad, quien me iba a decir a mi, que iba a echar de menos este baño… bendito cuarto de baño… nunca hubiera pensado que este aseo es todo un lujo, aquí en Vietnam.

Empieza la rutina diaria, después de estos tres días que me han parecido como tres semanas, reanudo mis tareas con muchas ganas, estoy sola como voluntaria, y el reto es aún mayor al no contar ya con el apoyo de Víctor, el voluntario de Singapur.

Es muy pronto y me da tiempo a despedirme de los niños que van a misa, ¡jo! En el fondo me da penita, tan chiquitines y levantándose una hora antes para ir a rezar….

La mañana va pasando en calma, y desayuno relajadamente con las demás cuidadoras. Hablamos como podemos, se interesan por saber las costumbres de mi país en cuanto a lo que desayunamos. Salivando les digo, que yo desayuno café con tostadas… mi mente se dispersa intentando acordarse del aroma del café recién hecho…

Ellas me miran con mucha atención. También me preguntan por mi vida privada, hasta este momento, nunca me habían preguntado nada. Les digo que estoy casada, desde hace ya 6 años, y se quedan estupefactas, me lo vuelven a preguntar porque no se lo terminan de creer, y les respondo diciendo que sí con la cabeza:

—Sí, sí. Casada.

—¿Pero cuántos años tienes? Acierto a entender que me preguntan.

—31. Les digo haciendo los números con los dedos.

—ahhhhhhh…. Con los dedos me dicen que se pensaban que tenía veintipocos…

—jejejejejej. Me río… Vaya si que me habían quitado años… jejeje.

Pese a la dificultad de entendernos, por no hablar ningún idioma en común, la conversación es amena y muy agradable, se nota en el ambiente que vamos cogiendo confianza. Les pregunto yo también por sus vidas, y todas están en la misma situación, solteras y viviendo en el orfanato permanentemente. Sin vacaciones…No logro entenderlo, pero con señas tampoco puedo aspirar a preguntar mucho más.

«Se me ocurre que puedo enseñarles fotos que tengo en mi portátil» pienso.

—Ahora vengo en un momento. Les gesticulo.

Enciendo la pantalla del ordenador y busco las fotos de la boda…

—Mirad, este es el día de mi boda.

—¡ooooooooh!… exclaman al unísono.

Están entusiasmadas, quieren que les enseñe todas las fotos… jejejeje.

—Mirad, también tengo fotos de mi casa y aquí de un viaje a Andorra, en la nieve.

Su perplejidad va en aumento…

No os podéis imaginar que instantes, yo explicándoles y mostrándoles mi mundo en imágenes, y ellas sin parar de preguntar, interesadísimas y de lo más curiosas.

De pronto, una de ellas se levanta y viene a abrazarme y me dice en vietnamita:

Gracias, gracias por estar aquí.

Llega la directora del orfanato y rompiendo la magia del momento, nos damos un poco por aludidas que el trabajo nos espera, hay que preparar la comida, hacer la colada y estar con los niños.

Transcurre la mañana entre juegos, canciones y tareas domésticas.

Ropa recién lavada tendida en la terraza del orfanato.

Ropa recién lavada tendida en la terraza del orfanato.

Tras el ajetreo de la comida, llega la calma con la hora de la siesta, quiero organizarme bien mi clase de inglés, así que no descanso y preparo a mano como un “examen de inglés básico” para ver realmente cómo está el nivel de los niños, y así, poder aprovechar más este tiempo.

Salgo rápidamente a la calle central a buscar una papelería para hacer copias del examen. Tengo suerte, no como la semana pasada que me costó la vida encontrar los productos de limpieza… y hoy, en la misma calle, encuentro un local, que se dedica única y exclusivamente a hacer fotocopias, jejeje. Así es Vietnam, jejeje.

La verdad que estoy un poco nerviosa, es mi primera clase sola, y no soy maestra, algo de vocación tengo, pero nunca he impartido ninguna clase…en España, antes de mi partida, mi amiga Teresa, que es maestra, me dio algunos consejitos. A ver que tal se me da… (Tere, esta clase va por ti).

¡Venga!¡Vamos allá!

Llega la hora, como es habitual, los niños son puntuales y se sientan rápidamente.

—¿Quién quiere salir a la pizarra a escribir la fecha de hoy? Pregunto alzando el rotulador.

—Yo, yo. Exclama Dúng levantando el brazo.

—Hoy vamos a hacer un examen, le pido a Anh, una de las niñas más mayores que recoja todas las libretas y que reparta una ficha y un lápiz a cada uno.

Los niños se lo toman como algo divertido y a la vez con cara de concentración miran de reojo las preguntas. Algunos sonríen con cara de “esta me la sé” y otros mordiendo el lápiz, adivino que tienen algunas dudas.

Clase de inglés en el orfanato.

Clase de inglés en el orfanato.

Les doy su tiempo, están totalmente en silencio, y algunos cubren con el brazo su hoja para que el compañero no les copie, jeje, les miro atenta y orgullosa de verlos tan concentrados.

—Venga, quedan 10 minutos y recogemos.

Dúng se pone más tenso, y me dice con ojitos y gesto de “ayúdame por favor”:

—Teacher, teacher… señalándome una de las preguntas.

Le intento explicar y le digo que escriba lo que crea, ya que duda entre dos palabras. Me repite la palabra que piensa que es la correcta y le miro diciéndole con mi gesto que sí. Se pone de lo más contento y me da el examen diciendo:

—¡Finish, finish!

Todos terminan y me van acercando la hoja, para terminar la clase hacemos una ronda del “ahorcado”.

Haciendo un rápido balance de la clase, yo diría que ha estado genial.

Esta tarde hay misa y para las niñas más pequeñas que no van a la misa de las 5:30 de la mañana, un día a la semana, van a las seis de la tarde. Me ofrezco para llevarlas, recuerdo haber visto la iglesia en una de mis salidas, y se encuentra a unos 10-15 minutos a pie. Todas se visten con sus mejores trajes, y yo, me pongo unos vaqueros y un polo, al más puro estilo “chica bien vietnamita”.

Os diré, que estoy ilusionada, todo lo que sea experimentar algo nuevo me apasiona y descubrir la fe católica vietnamita me intriga, cierto es, que siento un profundo interés por cualquier corriente religiosa. Y conocer de primera mano la religión mayoritaria de España en Vietnam me produce expectación. ¿Habrá algún santo con los ojos rasgados?

Por el camino, todas quieren cogerme de la mano, así que decido coger con cada mano a las dos niñas más pequeñas, vamos todas cantando, aunque yo estoy al tanto con cuatro ojos por la cantidad de tráfico que hay…

Llegamos, está anocheciendo, la iglesia es enorme y me quedo asombrada por la iluminación de colores que tiene en la fachada… es increíble, más que una iglesia, parece la entrada a una discoteca… para estar en el barrio en el que estamos, la iglesia es gigante y para mi sorpresa, está llena de fieles hasta la bandera…

Como lo escucháis, más llena que un día de bodorrio en una iglesia española…

Otro punto que me da para reflexionar…

Iglésia católica en Vietnam. Mis niñas y yo volviendo de misa.

Iglésia católica en Vietnam. Mis niñas y yo volviendo de misa.

Nos quedamos en uno de los laterales, y mis niñas me indican sonrientes cuando tengo que sentarme, cuando arrodillarme, cuando juntar las manos…

Aquí os dejo un mini video de la misa.

Otro momentazo para el recuerdo.

Volviendo del orfanato, rebusco entre mis bolsillos…empiezo a ponerme un tanto nerviosa y a sudar si aún cabe un poco más.

—Oh no… Me digo en voz alta.

No encuentro las llaves… sigo buscando, pero nada. Llegamos al orfanato y con cara de “lo siento”, le digo a una de las cuidadoras que he perdido las llaves, son las llaves de mi habitación y de mi armario que también va con candado. Las llevaba colgando de un llavero atado a una de las tiras por donde se pone el cinturón…

Ufffffffffffff, qué mal me siento, a ver qué hacemos ahora.

Lo primero que me enseñaron es que tenía que cerrar cada vez mi habitación con llave, y que las guardara bien, porque no habían dobles… Y voy y las pierdo… jooooooooderrrrrrrrrrrr…

La verdad que el sentimiento que produce el perder las llaves es horroroso… y si encima no son tuyas… más todavía.

Las niñas y niños más mayores viendo mi carita de pena, me dicen cogiéndome de la mano y animándome:

Teacher, vamos a buscarlas a la calle.

Me los como, si es que son ¡un solete!

Así que, allá que vamos, mi equipo de niños exploradores en busca de las llaves…Ya es totalmente de noche y no hay muy buena iluminación y después de más de media hora, volver a hacer y deshacer el camino hasta la iglesia, no hay rastro de ellas…

Total que volvemos al orfanato sin éxito. En eso, que llega la directora, que ya se había enterado y me dice que no me preocupe que mañana llamarían a un cerrajero para abrir la puerta y el armario.

Ahora viene la consecuencia de no tener llaves, es decir, que a ver donde duermo (esto me importa menos) lo que es peor, es que yo uso lentillas, y necesitaría el líquido para quitármelas. ¡uffffffffffffffff!

Me siento triste y mustia, como una flor sin agua… pero no me resigno, me viene una idea, en alguna película lo he visto así que allá voy. Me dirijo desafiante subiendo la escalera hacia mi puerta.

Subiendo las escaleras hacia mi habitación.

Subiendo las escaleras hacia mi habitación.

En mi mano, un gancho del pelo de una de las niñas y en un alarde de ladrona de casas… «ábrete, ábrete, ábrete… por favor… ábrete…¡Á-BRE-TE!» y… al quinto intento logro abrir la puerta.

¡toma! ¡oleeeee!¡bien!¡Uffff qué alivio!

Cenamos y salgo un ratito al garito a tomar algo fresco y así aprovecho para conectarme con la familia.

Siendo sincera, el ir por primera vez sola de noche por este barrio, con las calles sin apenas iluminación, ni aceras…da un poquito de “cague”, más que nada porque llevo un Iphone y un Mac en la mochila… pero me pueden más las ganas de conectarme a internet y charlar un rato por skype.

Sigo siendo el centro de atención de todas las miradas, pero yo, sonrío cortésmente y voy a lo mío, la música suena alto y el ruido de las motos circulando no cesan ni a estas horas, pido un té con hielo y después de revisar la bandeja de entrada de mi correo electrónico, me conecto media hora con los míos. En España es hora de comer, así que los pillo a todos juntos. ¡Qué alegría, están comiendo paella, la mejor paella del mundo mundial cocinada por mi abuelo! Ummmmm, me la enseñan de refilón… y mis papilas gustativas se ponen a trabajar…jejejeje. Esto sí que es una tortura, jejeje.

De vez en cuando viene muy bien la conexión con la familia, ya que las vivencias aquí son tan intensas que una olvida la realidad que se sigue viviendo en la otra parte del charco.

En el bar, las camareras, que ya me conocen de dos semanas, cogen confianza y me piden que me haga una foto con ellas…tampoco hablan nada de inglés, así que sigo hablando en mi idioma base: los gestos.

Adivino que lo que me quieren preguntar, es que qué hago en este barrio y sola.

Les digo que estoy en el orfanato y me hacen el gesto de “ok” con el dedo.

Foto con una de las camareras del garito.

Foto con una de las camareras del garito.

Regreso al orfanato y todos están en modo “off”, como por arte de magia, apenas hay ningún ruido, doy el biberón a dos de los bebés que todavía siguen despiertos y los dejo durmiendo. Es una gozada el tenerlos en brazos, mimarlos y acunarlos hasta que cierran sus ojitos.

Es hora de retirarme yo también, el día ha sido largo pero me ha cundido. Como siempre, voy a dar las buenas noches a las habitaciones de los niños más mayores, y cuando me acerco a la puerta, está Nhi, la niña que con retraso sin escolarizar, esperándome, me abraza y me da un beso acompañado de un good night Silvia.

Me emociona y me conmueve, aquí no se dan besos nunca, de hecho es el primer beso que veo desde que estoy en Vietnam y he tenido la gran fortuna que ha sido para mi.

Me acerco a los chicos que ya están acomodados y algunos me piden alguna muestra de afecto, reparto abrazos y besos diciéndoles buenas noches en voz bajita.

Para terminar, voy al dormitorio de las niñas, todavía con energía, están bailando una coreografía con la música de su radio muy tenue… las observo un ratito. Ellas contentas de que las mire y se esfuerzan por hacerlo bien diciéndome:

—¡Look, look!

—Es hora de dormir, les digo cuando finaliza la canción.

No me cuesta mucho, en 10 minutos, están todas acostadas.

—¡Good night teacher!

—¡Good night girls! (Besitos al aire).

Subo a mi habitación y tengo el más preciado de los regalos, dos dibujos que me han dejado por debajo de la puerta.

De nuevo, otra muestra de agradecimiento y cariño…

—¿A quien tengo aquí? Una pequeñaja que se ha colado en mi cuarto…jejeje

Una de las niñas colándose en mi cama.

Una de las niñas colándose en mi cama.

 

Me ducho de nuevo y salgo al balcón, mi pequeño espacio privado de recogimiento. Mirada perdida al cielo mientras “digiero” las vivencias del día de hoy.

Regalo de dos de los niños.

Regalo de dos de los niños.

 

«¡Buenos días!» Me digo a mi misma. Desde que tengo la mosquitera, mi habitación es un auténtica suite donde duermo de maravilla.

Bajo a la cocina, me siento para desayunar pensando en que las sobras de ayer eran una especie de sopa de pescado con un olor un tanto “extraño”. Sobre la comida no me quejo, lo único que cuando hay pescado, el pensar en los ríos tan marrones que hay aquí… deja de ser apetecible.

La verdad que no me apetece mucho repetir la sopa para desayunar y menos a estas horas…

Alzo la mirada y de pronto:

«¡Ooooooooooooh! ¡¡Es un ángel caído del cielo!! ¡¡No me lo puedo creer!! Mis anhelos se han hecho realidad…»

Hacia mi viene una señora sonriendo con un gran vaso de café con hielo…

mi giro a una de las cuidadoras y me guiña un ojo.

Me levanto y le doy mil gracias a las dos.

«¿Pero de donde lo han sacado?» pienso.

Esto si que es empezar el día con buen pie. ¡¡Gracias!! ¡¡Gracias!! Les digo de nuevo, dando un sorbito al café.

Me parece un gesto hermoso, que ayer les estuviera explicando que yo desayunaba café y hoy se las han apañado para pedirle a una vecina que me trajeran de a saber donde, uno. Os juro que vivir estos momentos no tienen precio.

Casa de la vecina del orfanato, donde me prepararon el café.

Casa de la vecina del orfanato, donde me prepararon el café.

 

Hoy me quedo con los niños de 3 años a jugar, de España me he traído unas tizas y he preguntado por algún lugar con una superficie plana para poder dibujar y me han indicado que hay un descampado aquí al lado que tiene una zona asfaltada donde podemos estar. Les dibujo unos samboris y les explico cómo se juega.

NIños jugando con el sambori.

NIños jugando con el sambori.

¡Todo un triunfo! Les dibujo otro, esta vez más largo y con “caminitos” dibujados con tizas de varios colores. Están entusiasmados con el juego. Se hace la hora de comer, y llegan los más mayores, que se unen a jugar al sambori…

No sabéis el brillo que veo en sus ojos ( y por supuesto en los míos y en mi corazón, que cada día se hace más grande), cuando llegan del colegio con los brazos abiertos gritando: ¡¡Silvia, Silvia!!

Niñas regresando del cole.

Niñas regresando del cole.

¡nos lo pasamos en grande! Eso sí, estoy chopada del calor tan abrasador… «lo que daría por pegarme ahora mismo un chapuzón en una piscina…»

Llega la hora de la siesta y tampoco descanso, dedico este momento para corregir los exámenes de ayer y preparar en función de los resultados la clase de hoy. Menos un par de niños, el resto están todos con el mismo nivel, a casi todos les he puesto un 8, 9 y un ¡10!

He tenido otra idea, en España, mi vecina Carmen, me dio dinero para que comprara algo para los niños en el orfanato, hasta el momento dudaba en qué cosas comprar y como sólo hay dos libros de texto de inglés para toda la clase, he pensado que no hay mejor inversión que hacer fotocopias del libro y encuadernarlos para que todos tengan uno.

También he pensado en fotocopiarles la letra de la canción “Waka, Waka” en la versión inglesa de Shakira, es una de las que les encanta bailar a las niñas.

Dicho y hecho, me escapo a la tienda de las fotocopias y hago el encargo, me dice que en una hora estará, así que perfecto. Me sobra algo de dinero, y compro también algo de material escolar. ¡Les va a encantar!

Empezamos la clase repartiendo los exámenes con los resultados y entre todos repasamos las preguntas en voz alta. Y a continuación la gran sorpresa cuando les empiezo a repartir un libro para cada uno.

¡qué caritas de felicidad!

—¿Es para nosotros? ¿Podemos poner nuestro nombre? Me dicen ilusionados.

—Sí, sí, ¡claro!

Con los libros las clases van mucho mejor, hoy para terminar, he subido el portátil para ponerles la canción del “waka, waka” y cantarla todos a la vez con la ayuda de las copias de la letra.

Bajamos a la sala principal y tenemos visita, es una asociación local vietnamita que viene a realizar unos donativos y traen regalos para los niños.

Me quedo observando mientras cuido de los bebés.

Dulces y más dulces, demasiadas “chucherías” para mi entender, han traído una bolsa enorme llena de “guarrerías”. Los niños están encantados, sí, pero sus dientes, no tanto. En este aspecto, casi todos los niños tienen los dientes fatal, no tengo ni idea de qué afección se trata, pero tienen zonas de color oscuro y con falta de trocitos de dientes…

Sonrisas "picadas"

Sonrisas “picadas”

La directora está muy ajetreada atendiendo a la visita, ya se está haciendo hora de cenar, y la profesora de vietnamita, (esta señora más mayor muy retraída) cogiendo dos cuencos con sopa, me dice que vayamos las dos a cenar arriba donde damos clase.

Cenamos tranquilas las dos solas, ella habla alguna palabra en inglés, y me pregunta por mi familia, le intento explicar que tengo un hermano, un sobrino…

Y sin más, se pone a llorar…

Se me rompe el alma, le animo mostrándole mi apoyo y escuchándola. Hace un esfuerzo por hablar diciéndome que tiene un hijo, de mi edad, pero que no lo ve nunca…

Terminamos de cenar y siento una unión especial con esta mujer. En sus ojos puedo entrever mucho… Nos retiramos a descansar dándonos un abrazo.

Hace una noche preciosa, despejada, me siento en el suelo de mi balcón a observar las estrellas y meditar un rato. Estoy rodeada de historias personales muy complicadas, vidas faltas de amor, de cariño, de besos, de tacto… vidas de sacrificio…

«Silvia, no puedes abarcarlo todo, cada persona tiene su lucha, sus retos, su aprendizaje. Tu estás aquí y haces lo que puedes, tu presencia y amor es suficiente. Sigue como hasta ahora, actuando en función de tu instinto, de tu sabiduría y actuando escuchando a tu corazón. » Me dice una vocecita en mi interior.

Han pasado dos días y estoy a punto de empezar la clase de inglés, hoy viernes ha venido una voluntaria vietnamita a ayudarme con las clases.

Sigo mi “plan de estudios” y aprovecho su ayuda para explicar algunas cosas de gramática en su idioma. Me viene genial de vez en cuando.

Me preparo una mochila con cuatro cosas para pasar el fin de semana en la ciudad, los niños vienen a despedirse, ya les he explicado en clase que el lunes vuelvo, así que esta vez ya no están tan preocupados por si es mi despedida para siempre.

Subo a por mis cosas y veo que Sonh, uno de los niños de unos 11 años, me llama.

No puedo creer lo que está diciéndome en señas, ha preparado una maletita con sus cosas y me dice que quiere venir conmigo. Una imagen vale más que mil palabras. (Que conste que esta foto, la hice porque el propio Sonh me lo pidió, no sé que tenía este niño en su cabeza, qué historia se había montado…pero a mi me afectó bastante).

Sonh listo para marcharse...

Sonh listo para marcharse…

Intento explicarle como puedo que no puede ser, que es imposible que venga conmigo. ¿Cómo se le explica esto a un niño que te mira con unos ojitos de “por favor llévame contigo”?

Estoy rota, bloqueada…sin palabras. Necesito desconectar. Hay experiencias duras, duras de verdad.

La chica vietnamita se ofrece para llevarme en moto hasta la ciudad, me vendrá bien el despejarme estos dos días del orfanato. No tengo plan, así que improvisaré. En realidad estoy algo cansada, sin muchas ganas de nada, buscaré un hostel bien insonorizado con una buena cama y me dedicaré a descansar.

¡¡¡Dios qué peligro!!! Vamos con la moto y esto es alucinante. Cientos de motos circulando a la vez, ¡menudo atasco! (de motos, claro).

Atasco de motos en Saigón.

Atasco de motos en Saigón.

(Esta foto no es mía, no me atrevía a sacar la cámara de fotos, tenía bastante con sujetar mi mochila, así os podéis hacer una mínima idea de la barbaridad de motos que puede haber por metro cuadrado).

Muy amablemente la chica me deja en la calle principal que ya conozco, le invito a tomar algo, pero me dice que tiene que ir a casa que ya es tarde. Le agradezco su ayuda y nos despedimos.

Hoy pruebo otro hostel que leí en internet que tenía muy buenas críticas, con cuarto de baño privado, internet, ordenador de sobremesa, aire acondicionado e incluye el desayuno. Todo por 18 dólares.

Como siempre me enseñan la habitación y a la primera le digo que sí, no hay ruidos y está muy limpia. ¡Me la quedo!

Fachada del Hostel Beautiful Saigon

Fachada del Hostel Beautiful Saigon

Dejo la mochila y bajo a buscar un sitio para cenar, esta vez, voy a pegarme un homenaje. Entro en un local regentado por un americano, me acomodo y pido una hamburguesa gigante, con patatas y una cocacola.

Os juro que el primer mordisco de la hamburguesa, jugosa, con queso fundido, ensalada crujiente y el kétchup en su justa medida, hizo que subiera al cielo y bailara con los ángeles. ¡Esto es gloria!

Mi cuerpo me pide proteínas y grasa en cantidades industriales. «He adelgazado unos cuantos kilos desde que estoy aquí, así que necesito comer mucho, jejeje» pienso con cara de ¡allá voy hamburguesa!¡al ataque!

Cenando a la americana en Vietnam.

Cenando a la americana en Vietnam.

No sé si alguien me observa la cara de puro placer que tengo, con la sonrisa en los labios, mojando las patatas fritas en mayonesa, chupándome los dedos… pero sabéis, me da lo mismo, es mi momento y lo disfruto sin pensar en otra cosa, que en comer a gusto.

Sin prisas, termino y doy una vuelta por la ambientada calle, pero hoy no tengo ganas de fiesta y menos sola, jejeje, así que me subo a la habitación a descansar.

Reviso el correo antes de dormir y veo un email de mi amiga Trang, dice que tiene una sorpresa para mañana, que si puedo quedar a las 9 en la estación de autobuses. Como posdata me dice que coja un bañador o ropa que pueda mojarme.

¿un bañador? ¡Me gusta! Jejeje, no sé donde me llevará pero seguro que hay agua. ¡¡Chachi!!

Le respondo que sí, está en línea y me dice: Te va a gustar… jejeje

Puntual llego a la estación y aquí está mi amiga vietnamita con su espectacular sonrisa.

—¿Tienes bañador? Me dice.

—Pues por “casualidad” llevaba uno en la mochila, jejeje. ¿Dónde vamos?. Le pregunto intrigada.

—Sorpresa… vamos a coger este bus y en media hora llegamos.

¡¡Qué bueno!! ¡¡No sabía que esto existiera aquí también!! ¡¡Estamos en un parque acuático!! ¡¡Me encantan!!

La abrazo y le digo:

—Qué ganas que tenía de bañarme…

—Tu siempre estás diciendo que estás “achicharrada” de calor y que te morirías por bañarte… pues he pensado que esto te gustaría, jejeje. Me dice dándome un abrazo.

Entramos y vamos a los vestuarios a cambiarnos.

—¿Ya estás lista? Me dice desde fuera.

—Sí, sí, ya voy. ¿Cojo la toalla?. Le digo mientras salgo.

—¡oh my God! Me dice riéndose. ¡¡Llevas biquini!! Jejeje

—¡joder!! ¿y qué quieres que lleve?? le digo entre risas.

Observo bien a mi alrededor, y veo que todas las vietnamitas llevan como mallas de ciclista y camisetas, y ¡¡no lleva nadie biquini!!

Por un momento me siento como desnuda… total que improviso, y un pañuelo que llevaba me lo pongo a modo de pareo.

Imaginaros, un parque acuático vietnamita, (no para turistas), la única occidental y en biquini. Vamos, la “repera”.

En fin… si antes era el centro de atención, ahora ya no sé ni lo que soy… ¿una especie rara? Jejeje

Parque acuático Vietnam.

Parque acuático Vietnam.

Deciros que disfrutamos como dos niñas pequeñas tirándonos por todos los toboganes, con los “donuts”, la piscina de olas y yo tomando el sol y Trang la sombra (a los vietnamitas no les gusta nada ponerse morenos, para ellos, su ideal de cánon de belleza es tener una piel cuanto más clara, más bella…).

Un día de 10.

Regreso al hotel a descansar, mañana he vuelto a quedar con Trang para ir pasear por la ciudad.

Amanece el domingo, me levanto muy descansada, este hostel es el que más me gusta de todos los que he probado, seguramente, lo reservaré para cuando venga mi marido. Limpio, silencioso y una cama comodísima. Desayuno café, zumo, tostadas con mantequilla y mermelada, fruta y revuelto de huevos. ¡¡Exquisito!!

Desayuno completo en el Hostel.

Desayuno completo en el Hostel.

Me recoge Trang y me dice tal cual guía de turismo:

—¡Hoy te voy a mostrar mi ciudad!

Pasamos el día fenomenal, viendo los monumentos más característicos, los parques, el mercado tradicional y me lleva a un “súper centro comercial” de lujo, donde veo la clase alta de vietnamitas comprando bolsos de Chanel, perfumes de Dior y zapatos de Manolo Blahnik.

En cuanto a la ciudad, mi idea inicial nacida de lo que había visto hasta el momento, era de ser una ciudad caótica, repleta de motos, ruido y algo sucia. Con las visitas de hoy, me he quitado esa imagen preconcebida y he podido acercarme a la Saigon con edificios coloniales muy bellos heredados de la época francesa, e incluso posee una Catedral de Notre Dam y un edificio de correos realmente espectacular, diseñado por el mismísimo Gustave Eiffel.

—Gracias por el fin de semana Trang, me ha encantado y he disfrutado mucho de todo. ¡¡Gracias amiga!!

Son poco más de las cuatro de la tarde y llego al orfanato, hoy tenemos una “Fiesta de Otoño”. Un grupo de voluntarios vietnamitas ha preparado en el descampado cercano al orfanato una fiesta con juegos y regalos. Estoy alucinada con el “tinglao” que han montado.

Fotos varias de la fiesta de Otoño para los niños del orfanato.

Fotos varias de la fiesta de Otoño para los niños del orfanato.

Han instalado como puestecitos, y en cada uno de ellos hay un juego diferente con premios al ganador. Se me acerca una señora occidental y se presenta diciéndome que está de paso por aquí, que está realizando un viaje en solitario por Asia sin fecha de regreso. Mantenemos una interesante charla.

Los niños están desatados con tantos juegos, nos lo pasamos todos en grande.

Foto con Nhi en la fiesta de Otoño.

Foto con Nhi en la fiesta de Otoño.

Y para muestra este video en una de las pruebas en las que me retan a comer sandía, jejejeje

https://www.facebook.com/photo.php?v=2637704392716&l=4939687104690611144

Subo a mi habitación, me ducho rápidamente y seguimos con la fiesta, ahora toca preparar unos bocatas para cenar.

Preparando los bocatas para la cena. Esto es un "lujo"

Preparando los bocatas para la cena. Esto es un “lujo”

¡Al rico bocata!

¡Al rico bocata!

«¡anda, si hay espectáculo y todo!». Me digo a mi misma viendo a un grupo de chicas bailando la danza del vientre.

—Me encanta la danza la vientre, en España iba a clases. Le digo a una de las cuidadoras.

«Que has dicho Silvia… para que hablas tanto…» Me digo mientras me obligan a hacer una demostración de mis aptitudes como bailarina…

Me subo la camiseta, me prestan un pañuelo y… ¡¡a mover las caderas!!

Jejejeje

Espectáculo danza del vientre fiesta de Otoño.

Espectáculo danza del vientre fiesta de Otoño.

Después de un gran día, nos retiramos a la habitación. Veo que una de las cuidadoras sube detrás de mi con uno de los bebés en brazos.

—Silvia, Silvia, tienes que enseñarme a bailar, por favor.

Y ahí me veis, en la privacidad de mi habitación, enseñándole los pasos básicos de la danza del vientre…

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Las siguientes dos semanas han transcurrido con la rutina habitual. Con los bebés tengo una conexión muy especial, despiertan mi instinto maternal y con ellos fluye el amor de forma espontánea, natural. Sobre todo con mi querida Cat, su evolución es sorprendente, ya se voltea, me reconoce a metros de distancia y me sonríe e incluso la he hecho reír a carcajadas. Cuando la conocí, parecía una muñequita de trapo sin apenas expresión.

Jugando con Cat. Impresionante evolución.

Jugando con Cat. Impresionante evolución.

Con Nhi, ocurre lo mismo, no le dejan ir a la escuela, pero yo me esfuerzo, aún sabiendo que no les hace mucha gracia, en dibujar con ella, en enseñarle fichas, juegos básicos, bailes… el cariño que nos une es muy grande.

Y que deciros con mis estudiantes de las clases de inglés, hemos avanzado mucho, y son ellos los que me piden que les haga “exámenes”, jejejeje. Lo nunca visto…

Les he hecho un examen a la semana, y así puedo valorar su mejoría y ellos están encantados con tener las notas. Y para terminar las clases, siempre jugamos o cantamos.

Aquí os dejo un video jugando a los “opuestos” para que los conozcáis mejor. ¡Son pura energía, alegría y vitalidad! Me lo he pasado “pipa” con ellos.

https://www.youtube.com/watch?v=5JWZ2rQn6pY

Unos soles que me han iluminado cada día, y donde el aprendizaje ha sido mutuo. Ellos me han dado lecciones que de ningún otro modo podría haber aprendido. Los quiero con locura y tienen un huequito ganado en mi corazón para siempre.

Y con toda la pena de mi corazón llega el momento de la última clase de inglés con los niños y de mi despedida, esta vez, sí que definitiva.

Subo a clase y están todos sentados en su sitio y me dicen todos a la vez:

—¡Good afternoon teacher!

Y me traen un vaso de refresco de naranja con hielo como sorpresa.

Me emociono agradeciéndoles el detalle.

—Yo también os he traído unos regalitos para vosotros. Les digo mientras les reparto unas libretas y bolígrafos muy chulos. Hoy no tocamos los libros, les he hecho unas fichas a mano, que sé que les gusta y les motiva.

Entre risas y muy buen ambiente damos la clase por terminada.

Y ahora son ellos, los que de nuevo me sorprenden, se colocan en fila delante de mi, y me empiezan a dar sus regalos…

Peluches con su nombre, dibujos con dedicatorias y lo más entrañable y bonito es que cada uno me ha escrito una carta, casi todos en vietnamita, sí, pero los dibujos de corazones son universales… y el amor que me han transmitido es infinito.

Hoy he traído la cámara de fotos e improvisamos unas fotos de lo más divertidas, sin reparos, les dejo la cámara y este es el resultado:

Posando y haciendo "el payaso" con mis estudiantes de inglés.

Posando y haciendo “el payaso” con mis estudiantes de inglés.

 

Despedida en la última clase de inlgés.

Despedida en la última clase de inlgés.

Acaba de llegar Thu, la voluntaria vietnamita que me recogió hace ya un mes en el aeropuerto y ahora viene para ayudarme con la despedida y acompañarme a la ciudad. Se queda hablando con la directora mientras yo apuro los últimos momentos con todos mis niños.

Para el resto de niños he comprado unos “julajops” que están causando furor, y para los bebés, toallitas y pañales.

¡¡y dale con el "julajop"!!

¡¡y dale con el “julajop”!!

 

Recojo mi mochila y dejo encima de la cama muchas cosas personales que a mi ya no me harán falta. Entra Nhi a la habitación y le regalo una de mis camisetas. Nos fundimos en un largo abrazo y le digo que me tengo que marchar. Me aprieta muy fuerte. Lloramos.

He decidido que mañana viajaré a Dalat, la ciudad en las montañas donde me invitó Terry, el fundador de la ONG a pasar cuatro días “frescos” y ayudarle en lo que pueda. Me apetece cambiar de aires.

Y después vendrá Javi, mi marido y empezará nuestra segunda aventura recorriendo el país en plan mochileros. Por eso, hoy, a pesar de que es mi despedida, volveré junto con mi marido en unos días, a los niños les hablé de él y querían conocerlo, y a mi me hace mucha ilusión también que los conozca a ellos.

Así que es duro el saber que ya no volveré a dar clases, ni dormir aquí… pero no será la última vez que los vea. Cojo fuerza y me despido de todos, besos, abrazos…alguna lágrima más.

Thu, me dice:

—Silvia el taxi está aquí.

—uffffffffffffffffffff. Me giro por última vez y mientras subo al coche no dejo de decirles adiós y de mandarles más y más besos. Todos están alrededor del coche, no tengo palabras.

—Venga Silvia, anímate, has hecho muy buen trabajo, la directora me ha dicho que están todos muy contentos contigo, que has sido un amor y un soplo de aire fresco.

Ahora te vienes conmigo a cenar que he quedado con mis amigos. ¡Venga arriba el ánimo! Me dice Thu moviéndome el brazo.

Asiento con la cabeza sin hablar, el resto del camino voy en silencio, ensimismada entre mis pensamientos.

—¡Helloooo! ¿Estas ahí? Hemos llegado. Me dice Thu mientras chasquea los dedos intentando captar mi atención.

Llegan sus amigos, y nos subimos a las motos, dejo de pensar en el orfanato, cuando una va en moto por Saigón es imposible pensar en nada…jejeje.

De cena con los amigos de Thu.

De cena con los amigos de Thu.

Y con una exquisita cena y un divertido paseo en moto por la ciudad, se termina mi historia como voluntaria en Vietnam.

Sin duda, la experiencia en el orfanato ha calado hondo en mi, dejando una huella imborrable en mi alma.

Pero mi viaje sigue, y con rumbo a Dalat, me coloco la mochila a la espalda, una mochila cargada, llena de amor, de sentimientos a flor de piel y una buena dosis de humildad, respeto y admiración.

¿Qué si volveré algún día?

¡POR SUPUESTO QUE SÍ!

¡¡Hasta otra SAIGON!!

¡¡Hasta otra SAIGON!!

 

Con mucho cariño se lo dedico a todas las personas que tuve el placer de conocer en Vietnam.

Por SILVIA MARTI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 pensamientos en “DE VOLUNTARIA EN VIETNAM 6ª Y ÚLTIMA PARTE.

  1. Hola Silvia, te cuento que he pensado en hacer voluntariado en Vietnam, pero me he topado con lo que comentabas al principio, en todos los voluntariados cobran y me gustaría saber cómo lo hiciste tú. cuál fue tu contacto, si es que se puede saber, etc. Muchas gracias pr compartir tu experiencia!

    • Hola Gladys,
      este tema del dinero es muy controvertido, te cuento, yo miré y miré, y al final estoy realmente contenta con mi elección porque pude ver con mis propios ojos y además de trabajar como voluntaria en el orfanato, pasé 4 días con Terry el fundador de la ONG y pude ver cómo vive y cómo trabaja para buscar proyectos y poder realizar estas labores. Ahora mismo están haciendo un trabajo enorme en Hanoi, con un centro de discapacitados. Para realizar el voluntariado con ellos, sí que hay que pagar, pero son los costes de administración y mantenimiento de la ONG. Yo comparé, y este realmente era el más barato y transparente. Bueno, te paso su web y si decidieras ir, dile que vas a través de mi y si quieres puedo yo escribirle también. Tengo muy buena relación con él.

      http://www.vietnamvolunteer.org/

      Mucha suerte!! y ya nos contarás!!
      saludos
      Silvia

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